Desde la minera indicaron que se “llevó adelante este proceso con entera convicción sobre la causa presentada y la veracidad de los antecedentes que se acompañaron. Las instituciones se han pronunciado, hay un veredicto de la Corte Suprema, y la compañía acatará el fallo en el marco de su respeto por la institucionalidad”.

 

Un ex contratista de Angloamerican Sur ganó una importante batalla judicial contra la minera antes mencionada luego que esta interpusiera una demanda contra Tranex en el año 2014.

La empresa Tranex Ltda. es una empresa de movimiento de tierras fundada a principios de los 90 por Ricardo Romero Romero (Antes Ricardo Romero Araneda), empresario que se hizo conocido hace algunos años por adquirir la mansión de Anita Alvarado, la geisha chilena, en Chicureo.

Anglo American Sur, por su parte, es la filial chilena de la transnacional inglesa Anglo American Plc., uno de los conglomerados mineros más grandes del mundo y dueño en Chile de, entre otras, la faena Los Bronces, ex Disputada de Las Condes.

Tranex fue por casi 25 años uno de los principales proveedores de servicios de Anglo American en Los Bronces, con 44 contratos celebrados entre ambas, algunos por varias decenas de millones de dólares. Eso, hasta fines del año 2014 cuando esta última decidió poner término anticipado a todas sus relaciones comerciales con Tranex. Luego de esta situación, y tal como lo informó en su momento The Clinic, Anglo presentó una querella criminal por estafa y luego una demanda civil de indemnización de perjuicios por $12.000 millones en contra de su antiguo contratista, imputándole más de una decena de gravísimos incumplimientos y sofisticados métodos de defraudación que Tranex venía realizando, según la minera, desde hace años.

Robo de materiales, apropiación indebida de los bonos de sus trabajadores, duplicidad de cobros, falsificación de reportes de trabajo, cooptación de los supervisores de Anglo mediante el pago de prebendas, adulteración de horómetros de las máquinas, cobro de trabajos inexistentes por operarios que en realidad estaban de vacaciones fuera de la faena, son sólo algunos de los gravísimos mecanismos de defraudación denunciados en su momento por Anglo American.

Cuatro años después, sin embargo, la realidad terminó siendo muy distinta a la descrita por la minera.

El año 2018, la Fiscalía de Alta Complejidad del Ministerio Público decidió no perseverar en su investigación y archivar la causa por falta de antecedentes inculpatorios. En materia civil, la Corte Suprema confirmó unánimemente la sentencia de los árbitros Víctor Vial, Arturo Alessandri y Luz María Jordán, desechándose así completamente la demanda de Anglo American y condenándola a pagar las costas de la causa por “no haber tenido motivos plausibles para litigar”.

Según informaron fuentes cercanas al proceso, los jueces dejaron establecido que numerosos testigos presentados por Anglo American habían “faltado a la verdad”; que ésta no presentó pruebas para sustentar algunas de sus denuncias; y que respecto de otras, se trataba de prácticas o costumbres contractuales por lo que Anglo American sabía que los hechos no eran defraudaciones sino que correspondían a trabajos efectivamente realizados por Tranex.

Así las cosas, hace pocos días la Corte Suprema declaró inadmisible un recurso de queja de Anglo, confirmando la condena en costas por UF 17.600, esto es, casi $500 millones de pesos, hecho inédito, no solo por su altísimo monto sino también por afectar en este caso a la parte demandante. Y por si lo anterior no fuera suficiente, el 23 de mayo pasado la Corte Suprema confirmó otra sentencia, esta vez respecto de una demanda presentada por Tranex en contra de Anglo American en relación a otro contrato, condenando a esta última a pagar más de dos mil cien millones de pesos por varios incumplimientos y que el término del contrato realizado por Anglo había sido contrario a derecho.

Fuentes de Angloamerican Sur consultadas por The Clinic acerca del caso, indicaron que la compañía “llevó adelante este proceso con entera convicción sobre la causa presentada y la veracidad de los antecedentes que se acompañaron. Las instituciones se han pronunciado, hay un veredicto de la Corte Suprema, y la compañía acatará el fallo en el marco de su respeto por la institucionalidad”.

Más adelante la minera agregó que “Dado que aún existen procesos judiciales en curso vinculados con esta causa, Anglo American no puede referirse en mayor detalle a estos hechos”.

Lo que esgrimió la defensa

Ignacio Rivadeneira, abogado defensor de Tranex y socio del Estudio Rivadeneira, Colombara y Zegers, explica algunos detalles del caso:

¿Cómo toman esta sentencia que desecha la demanda de Anglo American y la condena a pagar a Tranex las costas de la causa?
Con tranquilidad por el resultado pues confirman la completa inocencia de Tranex, pero con profunda indignación al comprobarse el abuso del que esta empresa, su dueño y sus trabajadores fueron víctima.

¿Por qué hablas de abuso?
Anglo American resultó completamente vencida no porque no pudiera acreditar ninguna de sus catorce imputaciones, sino porque en la mayoría de los casos se estableció que la realidad era exactamente la contraria a la descrita por ella misma en sus acciones judiciales. Es decir, en su afán por perjudicar a Tranex, Anglo derechamente inventó o por su negligencia permitió que se construyera un relato defraudatorio, absolutamente artificial, y respecto del cual hizo todo lo posible por convencer a los jueces de su veracidad. Por eso, después de cuatro años de arduo proceso, tanto el tribunal arbitral como la Corte Suprema decidieron, por unanimidad, condenarla en costas por casi $500 millones, porque no encontraron un solo motivo que justificara la presentación de sus acciones judiciales, ¡ni uno sólo!. El tema, hasta ahí, no pasaría de ser un conflicto entre privados. El problema es que producto de estas acciones ya acreditadamente infundadas, 600 trabajadores de Tranex perdieron su fuente laboral y en los últimos cuatro años la facturación anual de ésta última se redujo a la décima parte, porque comprensiblemente ninguna empresa minera va a contratar a un proveedor acusado de estafa y por una compañía tan importante como Anglo American. Es decir, las acciones judiciales de esta última, ya acreditadamente infundadas, borraron, de un plumazo, 25 años de exitosa e impecable trayectoria empresarial de Tranex y su fundador, don Ricardo Romero.

¿Y por qué razón Anglo American habría hecho una cosa así?
Eso es algo que será establecido judicialmente. Nosotros vamos a llegar hasta las últimas consecuencias para exigir que Anglo American ofrezca las disculpas públicas del caso, repare todo el daño patrimonial y reputacional causado y, sobre todo, adopte medidas que garanticen que nada de esto se repetirá hacia el futuro. A fin de cuentas, si este es el trato que Anglo American dispensó a uno de sus principales contratistas y con el cual mantenía una relación comercial de más de dos décadas, no es difícil imaginar el trato que es capaz de dar a sus restantes proveedores, sindicatos, trabajadores y las comunidades donde opera.

¿Por qué razón una empresa como Anglo American inventaría un fraude de esta magnitud en contra de Tranex? 
En mi opinión, hay dos alternativas. La primera, es que todo esto haya sido producto de una sucesión increíble de negligencias, de diversas instancias y ejecutivos de Anglo American, lo cual nos habla de un despelote monumental en su administración y gestión. Y esto lamentablemente es algo que afecta a todos los chilenos. No hay que olvidar que, aunque minoritario, CODELCO también tiene cerca de un 20% de la propiedad de Anglo American, por lo que hay un interés público evidente en que ella sea bien administrada y no dilapide sus recursos como ocurrió respecto de Tranex.

Pero tampoco es descartable que estas acusaciones de fraude no hayan sido sino un mecanismo doloso concebido por uno o más ejecutivos de Anglo American para justificar frente a su matriz sus numerosos y a estas alturas acreditados desórdenes administrativos, o para forzar a Tranex a llegar a un acuerdo renunciando a los pagos que se le debían, o para contar con una justificación interna que les permitiera cambiar a Tranex por otro proveedor. Hay que pensar que estamos hablando de un contrato por más de cien millones de dólares.

¿Y qué antecedentes le permiten sugerir algo así?
Aquí todo el proceso interno que siguió Anglo American hasta demandar a Tranex fue irregular. Primero, dijeron que la denuncia original de fraude la habían recibido por una llamada anónima por el sistema interno destinado a tal efecto. Pero cuando pedimos copia de esa grabación, nos respondieron que no existía, porque en realidad la denuncia se había hecho directamente a un gerente de Anglo American. Después, dos o tres gerentes de Anglo, en vez de poner la denuncia a disposición de la unidad de auditoría interna para que investigara, que es un ente independiente que no forma parte del organigrama sino que le reporta directamente al directorio, decidió encomendarle la investigación a una gerencia de control interno que dependía de ellos mismos, y que claramente no contaba ni con los profesionales ni con el conocimiento para llevar a cabo una investigación de fraude de estas características.

Tres meses después esta unidad emitió su informe concluyendo gravísimas defraudaciones de Tranex, incluida una supuesta cooptación de personal de Anglo, y un relajamiento generalizado de los controles de sus supervisores. Todo eso, a pesar de que reconocen que jamás consultaron a ninguno de las decenas de ejecutivos y supervisores de Anglo American que sí se relacionaban con Tranex ni a nadie de esta última empresa al elaborar dicha investigación. Este informe, además, increíblemente jamás fue puesto en conocimiento del directorio de Anglo American, o si lo fue, éste último deliberadamente lo ocultó. Porque en los Estados Financieros de ese mismo año, el directorio se hace responsable expresamente de la buena calidad de los controles internos de la empresa y de la ausencia de fraude o errores, cuestión que es completamente contradictoria con lo que había concluido su informe interno pocas semanas antes. Posteriormente, Anglo contrata a varias empresas externas para intentar cuantificar y darle verosimilitud a un fraude que Anglo American sabía, de sobra según se ha demostrado, que no era tal. Y con esos antecedentes se fueron a la justicia en contra de Tranex. En el juicio civil se estableció además que varios testigos presentados por Anglo para testificar en contra de Tranex, faltaron a la verdad al testificar en contra de Tranex. Y así te podría mencionar decenas de otras irregularidades de Anglo para intentar perjudicar a Tranex.

¿Y qué explicación han dado hasta ahora?
Aquí nadie ha dado ninguna explicación, nadie pide disculpas, nadie responde, nadie da la cara. Tiran la piedra y después esconden la mano, como en todos los casos de abuso.

¿Que reflexión te deja todo esto?
Que lamentablemente hay una cultura de abuso que está mucho más presente en algunas empresas que lo que creíamos. He escuchado a muchos sostener que en Chile el sector privado funciona perfecto mientras que el sector público es un desastre. Yo que he tenido la suerte de trabajar en ambos mundos te digo responsablemente que no es así. Que esto jamás habría ocurrido en una empresa estatal, y si pasara, se investigaría a fondo y se asignarían y asumirían las responsabilidades. La actitud de Anglo es aún más inentendible, dado que ellos obligan a todos sus contratistas a respetar lo que denominan sus “principios empresariales” que incluyen la transparencia, el trato justo, el cumplimiento de la ley, exactamente lo que ellos no cumplen con Tranex. En este caso imagino que pensaron que el señor Romero se iba a quedar de brazos cruzados, que no iba a aguantar la presión, que iba a hacer cualquier cosa por llegar a un acuerdo y evitarse un mayor daño reputacional, pero afortunadamente se equivocaron.

¿Cómo así?
Ricardo Romero debiera ser un caso de estudio en las escuelas de negocios. Representa todo lo que este país debiera valorar, respetar y promover. Una persona de origen extremadamente humilde, que jamás fue a la escuela, que producto del abandono familiar debió trabajar desde los 8 o 9 años vendiendo fruta en Las Cruces. Que a los 12 años se vino a Santiago a trabajar al Hogar de Cristo. Que después fue contratado como chofer en Los Bronces. Que ahorrando peso a peso se compró un camión para trabajarlo, y luego otro y otro. Hasta que en dos décadas había formado una empresa que llegó a dar trabajo a más de mil personas y facturar decenas de millones de dólares al año. Es un ejemplo de perseverancia. ¡Imagínate si una persona con ese carácter y trayectoria iba a permitir que un grupo de ejecutivos empleados de una transnacional lo basurearan, lo acusaran de ladrón y estafador!

FUENTE:  theclinic.cl